La leyenda de la Mano Peluda
comenzó en la ciudad de Puebla en el año 1908 donde había una gran cantidad de casas de empeño que actuaban de forma corrupta. Esto hacía que los usureros explotasen a los clientes por lo que todo el mundo los detestaba.
Uno de estos usureros era Horta, uno de los peores y con menos escrúpulos de todos los usureros que no dudaba incluso en aprovecharse de los mendigos. Siempre llevaba las manos llenas de anillos y era maldecido por todos los que pasaban su negocio diciendo “¡que Dios te seque la mano!”. Con el tiempo, acabó muriendo y la maldición hizo efecto.
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