cuentos de terror
martes, 23 de abril de 2013
martes, 9 de abril de 2013
los espiritus del bosque encantado
Los espíritus del bosque encantado
Alberto y Gustavo eran dos amigos que se conocían desde el colegio, y siempre realizaban actividades juntos. La mayor parte de estas actividades se basaban en dar largos paseos y realizar acampadas en medio del campo.
Para la última aventura, Gustavo y Alberto planearon acampar en un bosque conocido bastante alejado del pueblo. Pasarían allí el fin de semana con el fin de descansar y aprender más sobre lo que la naturaleza nos ofrece.
Ya se encontraba todo en su sitio y cargado en el todoterreno, por lo que emprendieron su marcha en busca de nuevas aventuras. Después de varias horas de viaje, llegaron al bosque. Ahora no quedaba más que encontrar un buen sitio donde poder acampar, por lo que decidieron seguir andando y dirigirse a la orilla del río.Una vez allí prosiguieron preparando todo lo necesario para poder pasar unos días fantásticos; las tiendas de campaña, el lugar donde iban a realizar la fogata, todos los elementos para cocinar y para pasar una buena estancia fueron colocándose cada uno en su lugar.
Durante estos días realizaron una gran cantidad de fotos y grabaciones de la tranquilidad de la zona para poder mostrársela a otros amigos y conseguir así que se animasen para ir de acampada con ellos.
El problema fue que al llegar a la casa de nuevo se pusieron a ver todas las imágenes captadas y en la mayor parte de ellas se veían unas pequeñas figuras blanquecinas que no se podían determinar. En un principio pensaron que se trataba de un fallo de la cámara, pero al ver las fotos sacadas con la otra cámara pudieron ver exactamente el mismo problema.
Al llegar a una de ellas, pudieron definir perfectamente la figura de un hombre que llevaba un cuchillo en la mano y se acercaba detrás de Gustavo para colocárselo en el cuello.
A partir de esta experiencia, Albert y Gustavo decidieron no volver a ir acampar al bosque.
la leyenda de la mano peluda
La leyenda de la Mano Peluda
comenzó en la ciudad de Puebla en el año 1908 donde había una gran cantidad de casas de empeño que actuaban de forma corrupta. Esto hacía que los usureros explotasen a los clientes por lo que todo el mundo los detestaba.
Uno de estos usureros era Horta, uno de los peores y con menos escrúpulos de todos los usureros que no dudaba incluso en aprovecharse de los mendigos. Siempre llevaba las manos llenas de anillos y era maldecido por todos los que pasaban su negocio diciendo “¡que Dios te seque la mano!”. Con el tiempo, acabó muriendo y la maldición hizo efecto.
el espiritu de una niña
el espiritu de una niña
Se encontraba un conductor de autobús haciendo un viaje nocturno en una ruta entre ciudades. Se encontraba sólo conduciendo, ya que los últimos pasajeros ya se habían bajado en una parada anterior.
Poco a poco el sueño iba haciendo mella en él hasta que en un determinado momento acabó durmiéndose. De repente se despertó por un fuerte golpe que notó en el autobús. Al asomarse pudo ver que habia atropellado a una niña.
El miedo le hizo decidir salir del lugar para que nadie lo viese y lo acusasen de asesinato por imprudencia. De repente, cuando ya creía que se encontraba lejos del lugar, pudo observar a través del espejo retrovisor que una chica iba sentada en el asiento de atrás del autobús y lo había visto todo.
Al volverse para cerciorarse había desaparecido. Pensaba que era su imaginación que le estaba jugando una mala pasada. De repente, volvió a verla de nuevo, y siempre que miraba a través del retrovisor la veía, no obstante, cuando giraba la cabeza dejaba de verla.
En ese momento, la pequeña comenzó a andar por el autobús en dirección al conductor pero al volverse seguía sin verla. Tanto se distrajo que cuando se quiso dar cuenta se salió de la carretera y cayó por un barranco, y lo último que pudo ver antes de morir fue la cara de la niña cerrándole los ojos.
martes, 2 de abril de 2013
el alma de la abuelita
Otra leyenda está basada en que un día una familia, los hijos y la abuela se fueron a pasar unas vacaciones a una casita de pueblo que se encontraba muy alejada de la civilización. El caso es que durante la velada, la abuela fallecio

Ahora se presentaba el problema de qué podían hacer con el cadáver de la abuela, ya que tendrían que ponerlo en el coche y los niños tendrían que viajar junto al cadaver de la abuelaTan sólo había dos opciones, que era la de que el marido de la llevase viajando solo oponer la en la baca del coche. La primera opción no era viable debido a la falta de tiempo, así es que optaron por hacer la segunda.
Ahora se presentaba el problema de qué podían hacer con el cadáver de la abuela, ya que tendrían que ponerlo en el coche y los niños tendrían que viajar junto al cadaver de la abuelaTan sólo había dos opciones, que era la de que el marido de la llevase viajando solo oponer la en la baca del coche. La primera opción no era viable debido a la falta de tiempo, así es que optaron por hacer la segunda.
Fue entonces cuando emprendieron el viaje pero sin saberlo la abuela acabó cayendo del coche. Cuando llegaron a su destino se dieron cuenta de que habían perdido a la abuela y se dispusieron para volver a encontrarla. No obstante, se sorprendieron mucho cuando de repente recibieron una llamada desde el móvil de la abuela. Era la policía que les indicaba que se la habían encontrado y le dijeron que tenía que dirigirse al punto kilométrico donde se encontraba.Al llegar, vieron que tenían un hombre esposado y preguntaron qué había sucedido. Se trataba de un camionero que había atropellado el cadáver de la abuela,y pensaba que la había matado. Como no sabían cómo explicar lo sucedido a la policía,prefirieron callarse y el camionero acabó en la cárcel siendo inocente.
el diablo en el espejo
Estábamos todos tomando unas cositas en un bar de Atenas, como era de costumbre. Estábamos de risas y bebiendo, cuando apareció un chaval moreno, de unos no más que 16 años, como nosotros. Pedro, uno de mis amigos que estaba allí, le saludó, puesto que eran amigos y se sentó con nosotros y hablamos durante unas horas…
Al cabo de unas aproximadas 3 horas, el tema de conversación pasó a ser historias de miedo, puesto que ya había anochecido y nos encontrábamos ahora en un botellón en un descampado. Nos contábamos historias terroríficas y acabamos realmente asustados…
Entonces Gonzalo, un chaval que le gusta ir de gótico dijo que conocía una forma de ver al Diablo. Le escuchamos con, la verdad, una atención de cuando te cuentan un chiste.
El procedimiento que hay que seguir es el siguiente: En Noche buena, justamente a las 12 de la noche, el Diablo hace la inspección en la Tierra, la única en el año, así que si queremos verle tiene que ser ese mismo día a esa misma hora. Hay que ir al baño ya que es el lugar ideal para realizar el evento, enciende 12 velas y sitúate enfrente del espejo. Cuando quede poco para que sean las 12, cierra los ojos y sitúate.
Mantenerlos cerrados hasta que quede solo una campanada de las doce que debe sonar. En ese segundo verás al Diablo en el espejo”. Todos nos lo tomamos a broma, pero Héctor, otro amigo con el mayor valor que he visto nunca, dijo que lo haría sin problema.
Estábamos a 20 de Diciembre, así que en cuatro días lo haría, solo pedía que hubiese un testigo, y que sería en su casa. Ese testigo fui yo.
24 de Diciembre, las 23:45. Todo preparado y nadie que nos moleste. Entró Héctor solo, yo tengo mucho miedo a esas cosas. Se cerró la puerta y esperé sentado afuera. Las campanadas sonaron, y yo estaba al acecho de que algún ser estuviese espiando para darme un susto, pero no pasó nada. Suspiré, aliviado, y llamé a Pedro. No contestó. Atemorizado, abrí la puerta de un golpe, y encontré a Héctor en el suelo, agarrándose el corazón. Y en el aire se olía el inconfundible rastro del azufre. Llamé a la ambulancia a toda prisa y como pude, y se lo llevaron al hospital.
Le diagnosticaron un infarto al corazón a causa de un sobresalto, una crisis nerviosa. Yo no pude dormir durante meses, hasta que fui tratado por un psicólogo. Cuando por fin Hector se recuperó, me dijo a mí sus primeras palabras:
“Lo he visto … Tengo mucho miedo”
Ya pude volver a dormir, pero Héctor no es ya el mismo. Recuperó algo de su vitalidad, pero aún se le nota muy apagado, triste, sin nada de ganas. Dicen que es porque el infarto lo deja a uno mal pero yo creo que fue por la impresión que le causó.
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